La Mujer y el Deporte

La Mujer y el Deporte

El Fútbol femenino como herramienta de transformación.

Cada vez son más las mujeres que juegan al fútbol, como contrapartida a los prejuicios y críticas machistas. En la práctica aprenden valores y derechos que trascienden el aspecto deportivo y se aplican a la vida misma…

El deporte es una herramienta que se utiliza actualmente  para empoderar a las mujeres. A través del juego, sería posible erradicar la violencia de género,  ya que la mujer que practica ese derecho a jugar,  a su vez está aprendiendo de otros derechos, que van más allá de lo deportivo y son de aplicación social a las situaciones de la vida diaria.

 

El hecho determinante que  genera este proceso es  la enseñanza que les brinda la práctica de la actividad, basado en el conocimiento social de que las transformaciones son colectivas Y a su vez, el fútbol está tan inmerso en la cultura de nuestro país,  que ayuda por un lado a generar identidad, y por el otro, sirve deconstruir estereotipos de género.

 

En la practica simbólica del fútbol se dan cuestiones de trasfondo  que tienen que ver con lo cultural: El deporte, en general, esconde  varios rituales que se ubican detrás de las practicas culturales: La pasión por la camiseta es muchas veces  herencia de familia,  y transmitida abuelos a padres, y de padres a hijos. Al igual que un culto o una religión, los domingos de partido se convierten en una ceremonia compartida con familiares, con amigos, y hasta con extraños, unidos por un mismo sentimiento.

 

Dicha práctica genera construcciones que van desde lo deportivo a lo social: Desde una formación  de identidad, de pertenecer, de ser parte. Y va desde lo individual (yo soy hincha) a lo colectivo (yo formo parte de una hinchada). El fútbol  hace a la idiosincrasia del país, y los típicos estereotipos argentinos, genera afinidad, y empatía del receptor y  a su vez, los distintos modos de percibir el mundo, ideales, expresión de procesos sociales, políticos, económicos y culturales son factores que atraviesan al ser humano y partir de los que se produce un sentido de pertenencia que  tienden a inferir en las realidades.

 

El fútbol femenino produce un espacio contra-hegemónico, ya que es un deporte dominado por lo masculino. En los años 70, las mujeres jugaban a la pelota pero puertas adentro y en privado. Eran pocas las que lograban generarse un espacio realizando diversas tareas – como recaudar fondos para comprar una pelota de goma-  y así  ganarse un lugar en el juego. Dato no menor, porque es algo que un hombre no necesitaba hacer, porque era su derecho natural formar parte del equipo.

 

A mediados de los 90, la Economía modifica y  transforma al  Deporte. Se produce  a nivel mundial una explosión del mercado deportivo y por ende, una mercantilización del mismo: Descubren que los  deportes podrían convertirse en espectáculos que generen un negocio rentable. Con ese fin,  es que comienzan a  televisar los encuentros deportivos. Y por tal  motivo logran mayores seguidores, lo que trae como consecuencia  que aumenten los sponsors.

Y Argentina no estuvo exenta de esas transformaciones culturales, en las que Fútbol femenino copaba las pantallas de un canal de cable, cuando empezó el torneo de AFA. Pero el negocio no era solo para el canal, sino que   también fue una fuente de ingreso para los clubes, ya que la trasmisión de los partidos  les generaba un rédito económico.  Se terminó cuando se suspendieron las transmisiones, y con ellas,  los pagos a los clubes participantes.

Con la mercantilización, el fútbol femenino corría el riesgo de perder el aspecto lúdico.  Pero se recuperó en las zona libres que se generaron a partir del juego de potrero, o en la cancha del club de barrio, rompiendo con viejas estructuras. Con la negación de los términos que trataba de imponer la industria, se logró volver a los orígenes del juego, y sin buscar otra recompensa que no sea el sentimiento o la emoción que produce el solo hecho de jugar.

 

Pero en la periferia, y con la aparición femenina se generó una resignificación:

La sociedad considera un hecho normal que las mujeres hagan tareas domesticas desde pequeñas y no se pensaba un espacio para el ocio, cuestión que se es bien vista en el caso de los hombres que tienen  tiempo de esparcimiento como hecho natural. En el fútbol, la mujer adquirió protagonismo. Se produjo un cambio en el que los hombres se ponen a la par y realizan tareas que históricamente eran asignadas a mujeres, como cuidar a los hijos.  El juego brinda acceso a esa transformación social

 

El sociólogo francés Lois Waquant adhiere a su par y colega, Pierre Bourdieu Ambos coinciden  en una “doble objetividad del mundo social y resaltan la constitución de estructuras que van desde lo social hasta lo mental: son acentuadas en  la capacidad de las prácticas sociales y sus múltiples niveles de implicación en luchas sociales. Y se producen  justamente a través de las  divisiones sociales.

 

En cuanto al deporte en las distintas clases sociales, si bien el fin es el mismo -tanto deportiva como culturalmente- se generan diferencias que son estructurales: De clase media para arriba y según el poder adquisitivo, las mujeres tienen más posibilidades de alquilar una cancha para jugar y participar de torneos pagos

 

Pero el fútbol femenino que se juega, por ejemplo, en la Villa 31, creó en las mujeres tácticas de resistencia que se dieron desde las prácticas corporales: Se adueñaron de una cancha a la que solo entraban los hombres. Ellas lograron resistir  poniendo el cuerpo, empujando y peleando  lograron conseguir  el territorio disputado y la asignación de horarios de juego. Un dato no menor es que la cancha es el espacio público más importante de la villa. Esa construcción de sentidos  es la que hace posible el acceso a un derecho,  a partir de ejercerlo.

 

El deporte es considerado por destacados sociólogos como un  espacio de reflexión, un punto de vista, y sirve para entender a la sociedad y a los espacios libres de intereses que se generan.

 

En ese espacio de reflexión que hace de espejo de la sociedad, se produce una zona exenta de intereses en la que la libertad es un factor fundamental: Se trata de cuerpos libres, libres para jugar como también para elegir, para decidir y para vivir.  Y de ese contexto se desprende un paralelismo con el pedido actual de una parte de la sociedad que clama por la despenalización del aborto – otro acto que requiere una absoluta libertad-  tanto corporal como mental, de elección y decisión.

 

Entre esos puntos de vista se da la mirada machista que se posa sobre el fútbol –al considerarlo una práctica netamente masculina- y no sobre otros deportes femeninos, como es el caso del hockey -en que sus jugadoras son socialmente aceptadas sin ningún prejuicio-  mientras que las futbolistas suelen ser estereotipadas como lesbianas.

 

Para que el fútbol se instale definitivamente como una herramienta de aprendizaje útil a la sociedad, se debería lograr mayor concientización de géneros para luego trasladar esa capacitación en género a los clubes y a los jugadores, dejando de hablar del fútbol como una cuestión femenina o masculina

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